frutos secos

Ahora que se viene la Navidad aprovecha para comer frutos secos: Pasas, pecanas, avellanas, nueces, almendras, castañas, ajonjolí, semillas de girasol, entre otros que, además de ricos, son súper nutritivos.

Estas pequeñas delicias tienen un alto contenido de proteínas (que pueden reemplazar a las de origen animal), fibras, vitaminas, y minerales como el hierro, magnesio, fósforo y zinc.

Los frutos secos son bajos en carbohidratos y ricos en agua, azúcar y grasas. Justamente por estos dos últimos es que muchas personas no se atreven a probarlos: Temen engordar o que se les suba el colesterol. Falso.

En realidad, las grasas de los frutos secos son ácidos grasos insaturados y esteroles vegetales que ayudan a disminuir y controlar los niveles de colesterol, y a evitar enfermedades cardiovasculares.

Los frutos secos se pueden comer crudos -previamente remojados en agua por 10 minutos- en el caso de los higos, ciruelas pasas y otros, que ayudan a combatir la constipación. O bien los puedes agregar a yogur, ensaladas, helados o lo que desees.

También se pueden comer tostados y con poca sal, como el maní. Sin embargo, al hacer esto se alteran los ácidos grasos y se eliminan las vitaminas. Igual sucede con los frutos secos procesados que tienen más contenido de grasas saturadas y de sal, perjudiciales para las personas hipertensas.

Los frutos secos son perfectos para el invierno por su contenido calórico, y son excelentes para los deportistas, estudiantes y cualquier persona con alta actividad física e intelectual.

Si tienes problemas de sobrepeso, igual es bueno que los comas, aunque de forma moderada, ya que cada 100 gramos de frutos secos contienen entre 400 a 600 calorías.

Referidos: Alimentación SanaDirecto al Paladar

Publicado por

Deja tu comentario en este artículo

0 comentarios

Redactar un nuevo mensaje




Categorías