En esta época del año los cambios de temperatura pueden llegar a ser tan bruscos que ponen a prueba nuestras defensas y el actimel no es el alimento mágico que soluciona la falta de resistencia de nuestras defensas.

A fin de incrementar la capacidad de respuesta de tus defensas, sobre todo de aquellas que están en primera línea de fuego, sigue estos consejos.

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La  pérdida  de  masa  ósea  y  el  consiguiente  riesgo  de  fracturas es un  tema  que preocupa a muchas personas de edad madura, especialmente a las mujeres después de la menopausia.

Dicen los entendidos que quienes comen soja habitualmente sufren un 30% menos de osteoporosis que quienes no lo hacen. El queso de soja o tufu es uno de los derivados de esta legumbre más indicados, ya que, debido a su alto contenido en calcio, mantiene en buen estado los huesos. Utilizado para dar consistencia a las croquetas o patés vegetales, sustituyendo al huevo en pasteles de carne o añadido a los guisos ycremasvegetales. 

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Una alimentación inadecuada puede debilitar el caballo y propiciar su caída, aparte de restarle brillo y apagar su color natural. Con la llegada de la primavera, se hace más necesario que nunca fortalecer con el fin de proteger el pelo de los efectos negativos de los rayos de sol.

Los cambios climáticos, el estrés, los desequilibrios hormonales, un período de bajón o una dieta irregular pasan factura sobre nuestro cabello.

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La sandía es agua en un 93% de su peso. De ahí que aporte 20 calorías por cada 100 g. la mitad de las calorías que proporcionan las frutas más ligeras.

A pesar de ser un alimento liviano, contiene vitamina C en cantidades considerables, así como vitaminas del grupo B, sin cuya presencia las células del organismo serían incapaces de producir energía.

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Como todo buen aperitivo, las olivas aumentan las ganas de comer. Gracias a su alto contenido en ácido oleico, la grasa mejor tolerada por las personas con gastritis y úlceras, facilita la absorción de los nutrientes en el intestino.

De ahí que sea un excelente recurso enriquecer con olivas los sofritos, la ensalada, la pizza. Este alimento contiene en su interior las mismas grasas saludables que elaceitede oliva. Por eso, ayuda a bajar el colesterol, fluidifica la sangre y fortalece el corazón. 

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Ligera, diurética y laxante, la coliflor es una verdura que no puede faltar en la dieta de las personas que  hayan  ganado algún  que  otro kilo.  En los meses fríos,  se encuentra en todo su esplendor, así que no dejes pasar la oportunidad de saborearla.

Cada 100 gramos de coliflor proporciona 23 míseras calorías. Es la guarnición ideal en el menú de quienes hayan declarado la guerra a la báscula. Para que esta carnosa verdura llene más –cuanto menos agua pierda en la cocción, mayor nivel de saciedad tendrá-, procura comerla ―al dente, cocinada al vapor‖.

Cruda en ensalada, cortada en finas láminas y aderezadas con comino es como menos flatulenta resulta y como mejor se aprovecha su alto contenido en vitamina C, un nutriente que fortalece las defensas y mejora el estado de la piel. La coliflor contiene casi tanta vitamina C como la naranja.

Gracias a su elevado aporte en fibra y en sustancias azufradas de carácter anticancerígeno, la coliflor previene el cáncer de colon y de pulmón. En este sentido, es buena idea cocinarla con zanahoria. Gracias a su gran riqueza en potasio y en vitamina B6, la coliflor mitiga los síntomas del síndrome premenstrual, como la hinchazón y los cambios de humor.

En crema, rebozada y gratinada al horno, la coliflor suele contar con el visto bueno de los más pequeños de la casa. Razones para incluirla en la dieta infantil no faltan, ya que es un vegetal rico en calcio, hierro y fósforo. Este último mineral ―nutre‖  el cerebro, ayudando a mejorar la memoria. Para evitar el olor que despide la coliflor, cocínala con una miga de pan empapada en vinagre.

La coliflor ejerce un importante papel protector frente al cáncer –de pulmón, colon, estómago etc.- debido a su aporte en compuestos azufrados y en flucosinolatos. Su consumo regular ayuda, además, a frenar el crecimiento de los tumores. Para sacar al máximo provecho a este doble beneficio, cocínala al valor o salteada.

La coliflor verde, más rica en clorofila y en vitamina C, supera la acción desintoxicante y antianémica de la blanca, que se cultiva al resguardo de la luz. Las variantes moradas son, por su parte, una fabulosa fuente de antocianinas, un pigmento que protege el corazón.

Es junto con el brócoli y las coles de Bruselas, la verdura más rica en vitamina C y en zinc, dos nutrientes que aceleran la cicatrización de las heridas, algo muy útil tras una intervención quirúrgica, e impulsan nuestro equipo de defensas.

Gracias a su contenido en fibra, la coliflor reduce la absorción intestinal de las grasas – colesterol, incluido-. Con este propósito en mente, conviene comerla con unos ajos cortados en láminas y dorados en la sartén o en menestra de verduras.

No ofrecerán mayor resistencia si la cocinas con bechamel y la gratinas al horno. Para preparar un plato único al horno completo, puedes añadir a la receta carne picada o jamón troceado, por ejemplo.

Cruda es como esta verdura resulta menos flatulenta. Añadida a la ensalada, cortada en trozos pequeños y aderezada con comino, está muy rica.

 

 

 

 

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Algunas de nuestras costumbres pueden estar haciendo que los alimentos pierdan gran parte de su valor nutricional.

La mayoría de las frutas y verduras son alimentos que pierden calidad nutricional muy rápido. Desde que son recolectadas hasta que llegan a nuestro plato experimentan una serie de procesos por lo que van perdiendo vitaminas y calidad nutricional, si además de ello algunas de nuestras costumbres de cocinado o conservación aumentan su pérdida, la ingesta de vitaminas que llevamos a cabo no son sólo insuficientes sino casi inexistentes.

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