La sociedad en la que vivimos hoy día tiene parámetros de belleza tan absurdos como peligrosos. Día a día se nos hace ver que para tener aceptación social hay que ser delgado y atractivo, y el peso de esto no sólo recae en los hombros de los adultos sino también sobre los niños.

Si a esto le sumamos que los chicos son terriblemente crueles con aquéllos que consideran diferentes, es como si una bomba de tiempo estuviera presta a detonar en las pequeñas cabecitas de los más vulnerables.

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