
Es bastante común que en los ancianos a medida que se hacen mayores su apetito disminuya, como consecuencia pierden peso y pueden padecer cuadros de malnutrición así como alteraciones orgánicas asociadas a la mala alimentación.
Si bien la actividad física merma y por ende las necesidades energéticas no son las mismas cuando los abuelos no parecen tener hambre hay que saber diferenciar la inapetencia pasajera a una persistente.
Publicado por Vitamina en - Adultos, Alimentación el 20 Agosto, 2009
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