Un estudio presentado en el Congreso de la Asociación Química Americana revisa las razones por las cuales de niños nos negamos a comer verduras: es un mecanismo de defensa biológico que rechaza los alimentos con sabores amargos.

Por el contrario, lo dulce es visto por el cuerpo como sinónimo de placer y satisfacción, es por eso que de niños nos encantan las chucherías y decimos que no a las verduras, que nos saben amargas al paladar.

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